jueves, 28 de abril de 2011

Paseo reflexivo.

































Quienes conozcan la playa de la Puntilla en el Puerto Santa María (Cádiz) quizás hayan reparado en que en su paseo marítimo, al lado del restaurante “El Castillito” –donde se come de escándalo todo sea dicho- nos encontramos con toda una muestra del proverbial saber latino acerca de la condición humana. Las fotos que abren este comentario, y que realicé hace pocos años, dan fe de ello. Teniendo a un lado los pinos de las dunas de San Antón y al otro el mar, el caminante puede disfrutar de la meditación propiciada por la lectura de las leyendas con las que se encuentra en cierto punto de su andar.



En la anterior entrada traje a colación la expresión memento vivere, subrayando esa costumbre de añadir dicha sentencia en los relojes como reflejo de su esencia. A ello hay que sumar que también era igualmente habitual usar otra máxima, asimismo categórica, sobre nuestra existencia: Tempus fugit.




Precisamente tempus fugit (el tiempo se escapa) es una de las cuatro frases que podemos encontrar en la pirámide trapezoidal sita en la playa citada anteriormente. Es otro modo de espolearnos a la reflexión existencial de la que hablé en aquella ocasión. Las otras tres frases que ocupan el resto de caras de la figura geométrica son:




1) Carpe diem.



2) Opera manent.



3) Futurum incertum.




Carpe diem es una conocida expresión que suele traducirse como un llamamiento a aprovechar el presente, la frase completa que aparece en una de las Odas del poeta Horacio (65 a.C.-8 a.C.) es "carpe diem, quam minimum credula postrero" es decir "aprovecha el día de hoy, no confíes en el mañana".



El significado de opera manent es "las obras permanecen", pero realmente cobra un sentido más profundo cuando dicha permanencia se contrapone a la fugacidad del hombre, "Homo finit, opera manent" frente al breve paso del hombre por la vida, la permanencia de las obras.





Futurum incertum; la incertidumbre que envuelve nuestro futuro también tiene su sitio en la pirámide. Al margen del nivel ontológico que se le pueda dar a nuestros recuerdos y a nuestros anhelos y proyecciones al futuro, lo que se nos transmite al leer "Tempus praeteritum nihil futurum incertum" (el pasado nada es y el futuro es incierto) es que únicamente como verdaderamente real poseemos el presente. El tiempo pasado ya una vez consumido -como las velas del poema de K. P. Kavafis- ya no está, ya no es, ya no podemos operar verdaderamente sobre él -como se suele decir lo hecho hecho está (y lo no hecho ....)- obviando, claro está las modificaciones que sobre el mismo la memoria practica.





Como podéis apreciar, el tránsito por el paseo de la Puntilla puede invitarnos a sentir la profundidad que acompaña al intento de comprensión de la experiencia que del tiempo tenemos. Las frases citadas -que están íntimamente ligadas- nos incitan a quitarnos las vendas y a interiorizar el valor del devenir para conseguir acercarnos lo más posible a la autenticidad.



viernes, 22 de abril de 2011

Memento vivere


La posesión de lo que llamamos conciencia es sin duda la especificidad por antonomasia del hombre, es decir, que en nosotros habite la potencialidad del ensimismamiento y llegar –si se desea- a escudriñar, a analizar lo que llamamos ser, lo que llamamos vivir. Precisamente la actualización de esta posibilidad se convierte en una de las líneas que separaría según diversos pensadores la denominada vida autentica de la inauténtica.

En ese comprendernos aparece como figura clave y decisiva el tiempo –como le leí en una ocasión no sé a quién: “Él (lo divino y trascendente) es él (el tiempo)”. Desde épocas remotas el hombre ha intentado mensurar, medir el devenir, a la par que también nosotros pensamos que el tiempo nos mensura (en su acepción de juicio) a nosotros.

Ya fuera bajo la concepción de una historia circular o desde el prisma del segmento que nos habla de un principio y un fin, ahí ha estado perenne el deseo de hacer tangible el silencio que parece ser el protagonista de la caducidad de todo lo que existe.

Como resultado último de esa búsqueda tenemos el reloj tal y como lo conocemos, instrumento que muchos llevamos en nuestra muñeca, quedando así anillados con nuestro marcador incansable que nunca se detiene. Digo que nunca se detiene porque un reloj parado es como un esclavo que se alza, como un peón condenado que se rebela y se niega a realizar la tarea para la que lo hemos confeccionado: medir el tiempo incesante.

Hay una tradición que consiste en incluir entre los adornos del reloj frases relacionadas con la función del mismo y que a la vez inspiren en nosotros el profundo sentimiento nos llega a través de la comprensión del hacer del objeto en el que se inscribe.

Una de ellas es memento vivere (recuerda que has de vivir), en este caso ese acto cotidiano que llamamos “mirar la hora” llevaría en él la exhortación a aprovechar ese tiempo que el reloj nos hace visible como objetiva y uniformemente fluyente. En cada mirada hacia sus agujas deberíamos –esa sería realmente su mensaje- dotar de la necesaria solemnidad a su rítmico paso y que este nos sirviera de acicate (en su sentido primigenio de espuela) para aprovechar como irrepetible cada momento de nuestra existencia.

La semana pasada asistí en el teatro Lope de Vega a un concierto del cantautor Ismael Serrano, dicha actuación formaba parte de su gira “Acuérdate de vivir”. El reflexionar sobre esa expresión es lo que ha originado mi entrada de hoy. Mi conocimiento de la discografía de Serrano no es muy profunda ni mucho menos –aunque este ha sido el tercer concierto suyo al que he asistido (2003, 2005 y 2011)- de todas formas os recomiendo –en el caso de que no lo conozcáis- que le prestéis atención a sus letras.

Os dejo estos cuatro videos para que lo escuchéis tranquilamente.

Por cierto Jean Paul Sartre es citado en una de ellas.







jueves, 14 de abril de 2011

Ley antiburka.

El pasado lunes 11 de abril entró en vigor en Francia la ley denominada popularmente antiburka, según la cual queda terminantemente prohibido en lugares públicos el uso del velo integral (niqab y burka) por parte de la mujer -evidentemente sabemos que se trata de una prenda musulmana-. Las respuestas no se han hecho esperar y tanto defensores como detractores de la medida –en mayor número los segundos parece ser- se han lanzado a fundamentar sus posturas.

Asimismo también ha merecido una importante reflexión la convención celebrada la semana pasada en París sobre la laicidad -en donde se plantearon otras medidas tmbién relacionadas con prácticas claramente vinculadas al islam-, valor éste (la laicidad) que se entiende como una de las señas de identidad de la república francesa. El motivo de la polémica reside en que para muchos la verdadera intención del partido de Nicolás Sarkozy no era la explicitada, sino más bien estigmatizar el islam y a la par conseguir un claro objetivo político.

Ese objetivo estaría relacionado con la marcha descendente de Sarkozy en las encuestas de cara a las elecciones presidenciales del próximo año, mientras que el partido de ultraderecha Frente Nacional conducido actualmente por Marine Le Pen sube de tal modo en intención de voto que amenaza con repetir la “hazaña” de 2002, por tanto se vería como un modo de apropiarse -por parte del partido UMP de Sarkozy- de parte del electorado ultra, tal y como han señalado algunos medios de comunicación.


En la mencionada convención se habló acerca de la posibilidad que ciertas costumbres (asociadas al islam) terminaran socavando principios fundamentales de la convivencia en la laica sociedad gala. Sin embargo, repito, el número de voces discrepantes con la reunión no fue en absoluto reducido, e incluso dentro del partido del presidente ha habido opiniones contrarias, entre otros motivos por creer que se exageraba un problema absolutamente irrelevante –según el periódico Público únicamente el 0’0062% de las mujeres francesas lleva un velo integral y la mayoría vive en islas francesas de tradición musulmana-.

Según he leído en la prensa, algunos de los usos que se pretenden regular son: el rezo en la calle, el rito musulmán de sacrificio animal, el respeto del ayuno en horario laboral, la financiación de centros religiosos etc. En fin una heterogénea lista que ha encabezado cronológicamente la mencionada prohibición del uso del velo integral.

Como podéis entender no debo pronunciarme en este foro sobre el tema, pero, como siempre, os invito a que sí lo hagáis ustedes.


Artículo de Gabriel Albiac (ABC 13-IV-2011).




viernes, 8 de abril de 2011

La felicidad.

Desde el nacimiento de este blog tuve el deseo de que los lectores del mismo también contribuyeran mandándome escritos para su posterior publicación. Ese deseo se ha visto realizado gracias a Daniel Ruiz, que actualmente cursa el primer año de Bachillerato en Escuelas Francesas. Él ha querido colaborar con una reflexión acerca de un tema fundamental para cada ser humano: la felicidad.

Espero que esta colaboración no sea la última y que os animéis a escribir y compartir el producto de vuestros pensamientos.


La felicidad


Todos nos hemos preguntado cómo alcanzar ese bien tan preciado, esa eudaimonía griega, ese sentimiento que nos hace sonreír y que nos hace pensar que todo va bien y que nada puede salir mal, ese cosquilleo en el estómago del que nace una carcajada sincera y radiante. Ese efímero bien que sólo se muestra en ocasiones contadas y que, siendo el más necesario, es también el más difícil de conseguir. La respuesta no es fácil, y no es definitiva, pero hay una serie de pasos que, bien realizados, desde el corazón y con el apoyo de la razón, pueden llevarnos a conseguir la felicidad. El primer paso hacia la felicidad consiste en lo siguiente: no desesperes. Por muy mal que te vayan las cosas, siempre pueden irte peor, y por supuesto, toda situación mejora con el tiempo. El primer bien necesario es la virtud de la esperanza. En segundo lugar: no te dejes llevar. Haz lo que creas que es correcto, y no lo que los demás esperan de ti; eso sí, nunca olvides ser sensato y reflexionar las cosas dos veces antes de hacerlas. Es el bien de la autonomía y el autojuicio moral: debes ser tú quien juzgue tus propias acciones. En tercer lugar: cuidado con las consecuencias. Debes saber que eres libre y dueño de ti mismo, pero también que tus acciones tienen una serie de consecuencias de las que eres responsable directo. Es el bien de la responsabilidad.

Otra cosa a tener en cuenta sería el hecho de que tú eres libre de hacer lo que quieras, pero que tu libertad acaba donde empieza la de los demás: no puedes pisotear ni someter a nadie, ni obligarle a hacer algo que no quiere. Todos somos libres, y debemos respetar nuestras fronteras; y aquí también entra el respeto hacia los demás, el no menospreciarlos, el saber que son personas como tú, con derecho a la libertad y a la felicidad.

Una vez que tienes todo esto en cuenta, sólo te queda una cosa: sé libre. Haz lo que quieras y lo que creas correcto. Ama a los demás; la felicidad se basa en el amor y el respeto a los demás, en tratarlos como tú quisieras que ellos te tratasen así, y en saber que, si los demás son agradecidos, te recompensarán con su amistad y con la felicidad que ello provoca. Sabrán ver el esfuerzo volcado y sentirán la necesidad de devolverlo, de compensarte por ser…tú mismo. Sólo debes ser tú mismo, y comportarte con los demás de forma acorde a tu naturaleza sin dejar de respetarles.

Es fácilmente imaginable la respuesta de alguien a este planteamiento: “¿Y si no lo consigo, qué?” ¿Que los demás no te lo devuelven? ¿Que los demás no se comportan igual contigo? No pasa nada; en primer lugar, entre las muchas personas que cada uno conoce siempre habrá, por desgracia, alguien con quien no congeniemos o que no nos soporte y sea borde y estúpido. La respuesta: no le eches más cuenta a ese tipo de personas; si no saben ver a la persona que tienen delante, no se merecen que te preocupes más por ellos, y sólo debes alejarte de ellos. Y en segundo lugar, acércate a las personas que de verdad se lo merecen; pero hay algo que no debes olvidar: el ser humano no sólo se juzga a sí mismo, también juzga a los demás, por lo que si vas a juzgar a alguien, hazlo igual que harías contigo mismo: de forma sensata y razonable, y crítica acorde a una ley moral. ¿Qué ley moral? El respeto a los demás y a ti mismo. Es un camino largo y duro, pero recompensa. Tampoco es un éxito inmediato, pero poco a poco, con el paso del tiempo y de los años, se puede conseguir progresivamente. Además, no es sólo un éxito al nivel sensible de felicidad: este tipo de comportamientos produce una agradable sensación de sentirse bien con uno mismo, de estar en armonía con tu propio interior, y poco a poco, de estar en armonía con los demás.

Espero que estos consejos no caigan en saco roto, pero sobre todo, espero que os ayuden y que seáis felices algún día; felices de verdad, felices de corazón y mente. Comentario realizado por: Daniel Ruiz Alfonso, 1º Bach.

lunes, 4 de abril de 2011

Reivindicación de la política

En los actuales planes de estudio desde el departamento de filosofía se puede realizar un plan de trabajo a cuatro años vista, comenzando en el tercer curso de E.S.O. y finalizando en segundo de Bachillerato. En el primer curso citado se imparte la materia de Educación para la ciudadanía, posteriormente, el año siguiente, Educación ético-cívica, en primero de Bachillerato Filosofía y ciudadanía y en segundo Historia de la Filosofía.

No voy a entrar a considerar en este momento los distintos ataques sufridos por la materia del tercer curso de secundaria, no es mi propósito en esta entrada, ésta lo que pretende simplemente es servir para presentar mi opinión acerca de las posibilidades de estas asignaturas y a la vez para recomendaros una, desde mi punto de vista, interesante lectura.

Durante estos últimos cuatro años he intentado hacerles ver a los alumnos de Educación para la Ciudadanía que, quizás, el principal objetivo que deben perseguir es comprender el mundo en el que viven, eso sí siempre a través de una pluralidad de cauces que le permitan ir desarrollando un criterio lo más autónomo posible. El no comprender la circunstancia que nos ha tocado vivir es perderse irremisiblemente en ella, no saber a qué atenerse –como señalaba Ortega-.

La comprensión del mundo actual desde nuestra posición de panobservadores –o al menos de lo que nos muestran los medios de comunicación- nos obliga a detenernos en cada una de las capas –cual cebolla- que lo conforman. El ámbito local, autonómico, nacional, supranacional (Unión Europea) y por fin la asimilación de la “aldea global” deben armonizarse y estructurar lo que el alumno llamará “mi realidad”, “mi mundo”.

Hace unos meses se publicó en papel una entrevista que el periodista Lluís Bassets le realizó a Javier Solana con el título “Reivindicación de la política” y que podéis encontrar en la editorial Debate. Lo primero que me gustaría reseñar es que en la obra lo fundamental, no es estar de acuerdo o no con todo lo expuesto por el protagonista –eso ya será una cuestión privada-, lo importante es que a través de sus palabras seremos espectadores de una época histórica fascinante para nuestro país, para Europa y para el mundo.

Los distintos cargos detentados por Solana desde 1982 lo convierten en una de las personas que con mayor cercanía vivieron una época que cambió el universo de los españoles, de los europeos y de la mayor parte del mundo. Siendo presidente del gobierno Felipe González fue ministro de Cultura, de Educación y Ciencia y de Exteriores. En 1995 fue elegido Secretario General de la O.T.A.N. y en 1999 se convirtió en el primer Alto Represente de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común –por lo que fue llamado Mr. Pesc- y Secretario General del Consejo de Europa. Una trayectoria envidiable, que le hizo estar en primera línea política durante ventisiete años.

En la entrevista se radiografía la España de principio de los años 80, el ingreso en la O.T.A.N. y la U.E., los principales conflictos de las dos últimas décadas del siglo XX; donde encontramos el fin del mundo bipolar con la caída del muro de Berlín y el espanto de la antigua Yugoslavia entre otros hechos. Posteriormente el 11-S y todos los efectos asociados a esta fecha, repasando los interlocutores asimismo los grandes retos del nuevo milenio.


Se podrán tener diversas opiniones sobre nuestro "hoy" -heredero evidentemente de un pasado- pero, eso sí, siempre deben sustentarse en el conocimiento más completo posible del mismo, y creo que este libro os puede ayudar en parte a ello.


lunes, 21 de marzo de 2011

Friedrich Hölderlin (I).


En esta primera entrada dedicada al literato alemán Friedrich Hölderlin os presento la biografía que Jesús Munárriz incluye en su edición de la novela del primero titulada Hiperión o el eremita en Grecia que podéis encontrar, precisamente, en la editorial Hiperión.

Sé que el texto es largo para una entrada de blog, pero os pido que le dediquéis el tiempo necesario para leer con tranquilidad estas líneas sobre la vida de uno de los escritores que más ha fascinado personal e intelectualmente.

Nace Johann Christian Friedrich Hölderlin el 20 de marzo de 1770 en Lauffen am Neckar (Suavia). Es el primer hijo del administrador del Stift o seminario protestante de Lauffen. Muerto su padre dos años más tarde, su madre, hija de pastor, vuelve a casarse. Tiene sólo veintiséis años. Su segundo marido, Johann Christoph Gock, consejero municipal de Nurtingen, adonde se trasladan madre e hijo, muere cinco años más tarde, en 1779. A Hölderlin le quedarán una hermana de su mismo padre, Heinrik, y un hermanastro, Karl Gock, nacido en 1776. Su madre siguió viviendo en Nurtingen hasta su muerte, en 1828.

En 1784, Hölderlin, destinado a una carrera teológica, ingresa en un colegio preparatorio para el seminario, en Denkendorf, a algunos kilómetros de Nurtingen. Estudia hebreo, latín y griego, y descubre a sus primeros poetas: Klopstock y Schiller. Escribe allí también sus primeros poemas.
En octubre de 1786 ingresa, junto con el resto de su clase, en el seminario de Maulbronn. Allí hace amistad con Inmanuel Nast y se enamora de su prima, Louise Nast, hija del administrador del seminario. Siguen las lecturas de Klopstock y Schiller, a las que añaden Schubart, Young, Wieland y, sobre todo, Ossian.

En 1787, Hölderlin entra como becario, por cinco años, en el seminario de Tubingen. Rompe con Louise Nast y se enamora de la hija de un profesor, Elise Lebret, aunque por poco tiempo. Con sus amigos Magenau y Neuffer funda una liga de los poetas.

En 1789, cuatro meses después del estallido de la revolución francesa, el duque Carlos Eugenio, a cuya jurisdicción pertenece el seminario, advierte a los estudiantes, entre los cuales hay corrientes de republicanismo, que se atengan “al más severo orden y legalidad”. Los seminaristas leen a Kant y Rousseau y se entusiasman con la revolución del país vecino. Entre sus compañeros están Hegel y Schelling, con los que Hölderlin hace amistad a partir de 1791.

Hölderlin lee a Platón, y su mente se aparta cada vez más de la fe protestante, al tiempo que se afirma su vocación poética. Compone numerosos poemas, entre ellos himnos, bajo la influencia de Schiller, aunque con un tono ya personal. En 1793, ya cumplidos los veintitrés años, sale del seminario provisto de la licencia que le permite ejercer el ministerio evangélico. Pero en contra de la opinión de su madre, decide no ejercer su carrera, y emplearse como preceptor para subsistir económicamente.

Hölderlin, recomendado por sus amigos Staudlin y Hegel, visita a Schiller, famoso ya en toda Alemania a los treinta y cuatro años, y este le consigue una plaza de preceptor para ocuparse del hijo de Charlotte von Kalb, en Walterhausen. En 1794 acompaña a su alumno en un viaje a Weimar, y empieza a trabajar en el Hiperion. Pronto debe abandonar su puesto de preceptor, dada la imposibilidad de influir realmente sobre su alumno, que es un niño muy difícil. Hölderlin se instala en Jena, uno de los principales centros intelectuales del país, donde asiste a los cursos de Fichte. En noviembre, Schiller le publica un fragmento de Hiperión en su revista Thalia.
El año siguiente, 1795, falto de recursos, debe volver a Nurtingen, con su madre, y allí sigue trabajando en el Hiperión. Su amigo Sinclair acaba por encontrarle un trabajo en Frankfurt, en casa del banquero Gontard, nuevamente para ocuparse de los niños. La esposa, Susette Gontard, casada desde hacía diez años y madre de cuatro hijos, se convierte pronto en el gran amor de Hölderlin, amor que es correspondido. Hölderlin la llamara en su obra Diotima. Este mismo año, a pesar de su trabajo y de los viajes que debe efectuar con la familia Gontard a causa de la guerra contra los franceses, consigue finalizar su Hiperión. En 1799 aparecerá publicada la primera parte por el editor Cotta, y dos años más tarde, la segunda.

También en 1799 es visitado por Hegel, a quien ha conseguido un puesto de trabajo en Frankfurt. En agosto, último encuentro con Goethe, a quien había conocido con anterioridad en Weimar por intermedio de Schiller. Al contrario que este último, Goethe no tendrá nunca en demasiada estima la obra de Hölderlin.

En septiembre de 1798 debe abandonar la casa de los Gontard. Sussette le escribirá poco después de su partida: “Es como si mi vida hubiera perdido todo significado; sólo por el dolor sigo notando su existencia”. Sussette y Hölderlin consiguen entrevistarse varias veces en secreto en Frankfurt, hasta que finalmente el poeta se traslada a Homburg, por consejo de Sinclair, quien le introduce allí en el círculo de sus amigos republicanos. Este año y el siguiente es frecuente la actividad política de Hölderlin con sus nuevos compañeros.

Trabaja en su tragedia Empédocles. Al aparecer, en septiembre, el segundo tomo de su Hiperion, le envia un ejemplar a Sussette Gontard con la dedicatoria: ¿A quién sino a ti?

Fracasa en su tentativa de lanzar una revista intelectual y literaria. La mayoría de las cartas que dirige a los grandes nombres, Schelling, Schiller, Goethe, no obtienen respuesta. En 1880, un grupo de amigos, en especial el comerciante Landauer, le invitan a Stuttgart, donde tiene así tiempo para dedicarse con intensidad a la poesía. Nacen de esta manera algunos de sus grandes poemas. Empieza asimismo a traducir a Píndaro, que ejercerá una gran influencia sobre sus himnos. A fines del año aceptara otro puesto como preceptor en Hauptwil, suiza, adonde llega en enero de 1801. No se sabe por que razones, en abril abandona su trabajo y vuelve a Nurtingen, con su madre, y allí trabaja ininterrumpidamente en su obra poética.

En enero de 1802 comienza un nuevo trabajo también como preceptor, esta vez en Burdeos, en casa del cónsul de Hamburgo. Se desconocen por completo las circunstancias de este viaje, pero Hölderlin vuelve a abandonar su puesto en abril. Ya el año anterior habían aparecido los primeros síntomas de su enfermedad: la locura. El 4 de diciembre había escrito a un amigo: “En la actualidad temo acabar sufriendo la suerte de Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir”.

Tras dejar su trabajo en Burdeos visita Paris, y desde allí se dirige a casa de sus amigos en Stuttgart. En julio recibirá allí una carta de Sinclair comunicándole la muerte de Sussette Gontard el día 22 del mes anterior, en Frankfurt. Hölderlin tardará casi un mes en llegar, andando, a casa de su madre. En Nurtingen, su aspecto es casi irreconocible. Él explicará de sí mismo que fue “golpeado por Apolo”.

Tras un periodo de gran violencia, su locura se calma. En septiembre, Sinclair le lleva de viaje a Regensburg y Ulm. A la vuelta, escribe El único y Patmos, dos de sus obras maestras.
Prosigue intensamente su actividad poética en 1803. Sinclair entrega al landgrave de Homburg el manuscrito de Patmos, que Hölderlin le dedica. Acaba sus traducciones de Sófocles, de cuya edición se hace cargo Wilmans en Frankfurt, y que aparecerán al año siguiente; corrige poemas y odas antiguos, trabaja en otros nuevos, etc. Sin embargo, Schelling, que le visita en junio, queda muy afectado por su aspecto descuidado y por el “deterioro” de su espíritu.
En 1804, y gracias a las gestiones de Sinclair, el landgrave de Homburg le ofrece a Hölderlin la plaza de bibliotecario de la corte. Hölderlin entra a trabajar en la biblioteca de palacio. Frecuentes crisis mentales.
En 1805, un médico que le visita declara sobre su estado de salud: “Su locura se está convirtiendo en frenesí, y es imposible comprender su lenguaje, que parece una mezcla de alemán, griego y latín”.

Por fin, en 1806, su estado mental y también ciertos cambios políticos en la corte de Homburg, hacen que el landgrave prescinda de sus servicios. Sinclair lo interna en una clínica de Tubingen, pero su estado no mejora.

En el verano de 1807, un ebanista de la misma ciudad, llamado Zimmer, entusiasmado con la lectura del Hiperión, visita a Hölderlin en la clínica y decide llevárselo a vivir a su casa, junto al Neckar. Allí permanecerá el poeta hasta su muerte, que no llegó hasta 1843, siempre apreciado por la familia del ebanista, incluso tras la muerte de este, y en un estado de locura pacífica que no le impedirá seguir escribiendo poemas en los que, a menudo, se advierte una cierta incoherencia, pero no exentos en ningún caso de un fuerte arranque poético. También toca y compone música para piano, y da largos paseos por los parques y los alrededores de la ciudad, con aspecto infantiloide, de un “niño grande”, con frecuencia perseguido y molestado por los estudiantes.
De vez en cuando recibirá visitas de viejos amigos o de gentes que acuden por curiosidad al ir extendiéndose su fama. Él les dará tratamiento de “alteza serenísima”. “excelencia”, “majestad”, etc., y se dirigirá a ellos como Scardanelli, voluntariamente olvidado de su personalidad de Hölderlin, y siempre actuando y hablando con una mezcla de lucidez y locura que desconcertara a sus visitantes.

Permanecerá, sin embargo, siempre fiel a su Hiperión, que recitara a menudo en voz alta y
del que leerá pasajes a sus visitantes.
Como Baroja, que en su vejez preguntaba a quienes le llevaban libros para que se los dedicara: “¿Cómo quiere que le ponga: querido amigo o estimado amigo?”, así también Scardanelli, que no conseguirá coordinar una conversación bien hilada, pero que asombrará siempre a sus visitantes por algún rasgo de genialidad, preguntara a quienes solicitan de él un poema dedicado: ¿Sobre qué quiere que se lo escriba: sobre las estaciones, sobre Grecia, o prefiere un pensamiento poético?

Pronto reivindicaron su obra los románticos. En 1822 se reeditará su Hiperión; en 1826 aparecen por primera vez en un volumen sus poesías, que se reeditarán en 1843 junto con una biografía del autor.

Este mismo año, sin apenas consciencia de su fama ni del cada vez mayor reconocimiento de su obra, totalmente alejado del mundo, muere en Tubingen Friedrich Hölderlin “dulcemente, sin haber sostenido una lucha especial con la muerte”.

Tras una etapa de olvido, en la que se perdieron muchos manuscritos y papeles suyos, a finales de siglo volvió a interesar su obra a los lectores, y ya en el nuestro ha pasado a ocupar el lugar que se merece: uno de los primeros no solo en la literatura alemana, sino también en la universal. Sin la existencia de su obra, en especial de Hiperión, serian inconcebibles obras como la de Nietzsche o la Hermann Hesse, por citar solo dos nombre capitales en la historia del pensamiento y de la literatura.

domingo, 13 de marzo de 2011

Decrecimiento (Serge Latouche).

Colapso por hiperconsumo. Esta expresión –que tomo prestada- condensaría el futuro de nuestro planeta si nos atenemos al pensamiento del filósofo francés Serge Latouche, y la única vía para remediarlo pasaría por un profundo cambio de mentalidad. Es el concepto de crecimiento tal y como se entiende en el actual Occidente globalizador sobre el que centra principalmente su crítica el pensador galo.
Hay múltiples razones para abordar ese perentorio giro, por un lado el evidente problema de la sinrazón de pensar que nuestro planeta es una fuente inagotable de recursos de la que el hombre puede servirse sin medida alguna. Por otro lado según Latouche existe una perversa ecuación en la que crecimiento sin límite + consumo voraz = felicidad.
Debemos pensar que somos casi siete mil millones de personas en el globo, y que, evidentemente, hay una serie de necesidades primarias que deben ser cubiertas, aquí lo fundamental del problema radica en la desigualdad. La cuestión es que actualmente jugamos entre un polo que pasa una vergonzante –para el primer mundo que no hace nada- situación de perenne hambruna y otro polo que nada en la opulencia. Claro está que no podemos olvidar en ambos bandos los tonos grises, y que en nuestra sociedad protagonizan aquellas personas que tanto padecen alrededor de la abundancia.
Otra cuestión es el crecimiento con el fin del mayor consumo posible de objetos, de útiles (o en cierto modo esencial inútiles) que llenan la muchas veces vacías vidas huérfanas, según el filósofo, de valores dejados atrás.
El decrecimiento usado como eslogan nos presenta la necesidad de poner en tela de juicio el actual mercado global –heredero de la modernidad- y el actual sistema económico, social y político, que ha puesto poco a poco una curiosa venda en nuestros ojos; una venda que permite ver el presente y el más inmediato mañana, pero que sin embargo nos impide ver el futuro a medio y largo plazo. Es así como en aras del crecimiento continuo olvidamos cuidar nuestro hogar y fuente de vida y riqueza: la tierra.
Es obvio que esa radical y necesaria modificación defendida por Latouche presenta una cara más diáfana: el actual sistema y su modo de comprender el concepto de crecimiento es insostenible en un cercano futuro, pero también otra menos clara: ¿cómo conseguir imponerse en la práctica a los grandes interesados en que nada cambie? ¿Cómo hacer ver que el petróleo es un bien con próxima fecha de caducidad y que el futuro abre las puertas de materias más limpias?
En estos dos vídeos de Youtube os encontraréis una interesante intervención de Serge Latouche. Pensad, como siempre de modo crítico y autónomo, sobre sus palabras.

Video 1


Video 2


Además os dejo una entrevista con Latouche a través del siguiente enlace:
http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Entrevistas/entrevista%20a%20Serge%20Latouche_M.DIDONATO.pdf