sábado, 30 de enero de 2010

Diógenes de Sínope

En la entrada dedicada a la obra de Ambrose Bierce Diccionario del diablo ya apareció la figura del máximo exponente práctico de las doctrinas cínicas: Diogenes de Sínope.

Tenéis ahora la oportunidad de acercaros a la imagen del mismo que nos presenta el ensayista y profesor de filosofía Fernando Rodríguez Genovés. El artículo está publicado en la revista digital El Catoblepas; después de haber disfrutado del texto recomendado, os pido que os detengáis y exploréis por los distintos números de la revista, a los que se pueden acceder desde la misma página a la que conduce el enlace que os doy.
Asimismo os recomiendo una famosa canción del cantautor francés Georges Brassens titulada La mauvaise réputation, en el segundo vídeo la tenéis en la versión española de Paco Ibáñez y en el tercero cantada por Loquillo.
Sacad ustedes las conclusiones acerca de la relación entre la vida del pensador de Sínope -que a plena luz del día con un candil encendido decía buscar un hombre- y la letra de Brassens. Y si las queréis compartir..........pues id a comentarios.

martes, 26 de enero de 2010

Respuesta aristótelica a Zenón de Elea

En respuesta a la cuestión planteada el pasado 18 de enero en este blog acerca de una de las paradojas de Zenón a las que da respuesta Aristóteles, reproduzco un fragmento de la fundamental obra Los Filósofos Presocráticos que le debemos a G. S. Kirk, J.E. Raven y M. Schofield y que podéis encontrar en la editorial Gredos:

“La exposición aristotélica de este rompecabezas (conocido, a veces, como la Dicotomía) es breve y alusiva en extremo. […] Pero podemos extraer la siguiente argumentación [del planteamiento de Zenón]:

(1) Para alcanzar la meta, el corredor debe alcanzar infinitos puntos ordenados en la secuencia 1/2, 1/4, 1/8…
(2) Es imposible alcanzar infinitos puntos en un tiempo finito, por tanto
(3) El corredor no puede alcanzar su meta.


Aristóteles cree que podemos oponernos fácilmente a la conclusión absurda (3) rechazando (2): un tiempo finito es infinitamente divisible y un tiempo infinitamente divisible es suficiente para que el corredor recorra una distancia infinitamente divisible y alcance los puntos que señalan sus divisiones.

Aristóteles manifiesta en otro lugar […] un cambio de réplica. La solución anterior […] procura una adecuada respuesta “ad hominem” a Zenón. Pero (2) resulta más fácilmente rechazable, si se le reformula así:

(2’) Es imposible conseguir el objetivo de alcanzar infinitos puntos.

Aristóteles responde a la reformulación del argumento con la observación de que (2’) sería verdad sólo si “infinitos puntos” quisiera decir “infinitos puntos realmente existentes”; cree, sin duda, que, en ese caso, sería verdad, porque cree que sería imposible llevar a cabo un infinito número de actos físicos discretos con el valor de “contacto” o “entrar en contacto con” cada uno de una real infinitud de puntos. Pero de hecho supone Aristóteles una interpretación más débil de “puntos infinitos” es exigida por (1): el corredor debe recorrer una distancia finita dividida por una infinitud de puntos, cuya existencia es sólo potencial (i.e., una distancia, podríamos decir, que puede simplemente representarse, al modo matemático, dividida según las series infinitas 1/2, 1/4, 1/8…). Y si se adopta esta lectura más débil en (2’), (2’) es falso.

La segunda solución de Aristóteles ilumina las cuestiones fundamentales que suscita la paradoja y que siguen siendo aún objeto de debate interno e inconcluso. En particular, los filósofos no pueden determinar si la imposibilidad de completar la serie de un número infinito de actos físicos discretos (si realmente es imposible) es una imposibilidad lógica o meramente física, ni en qué consiste en cualquiera de los dos casos”.

G. S. Kirk, J.E. Raven y M. Schofield; Los Filósofos Presocráticos, ed. Gredos, páginas 387-9)

domingo, 24 de enero de 2010

Magritte (I)



En una entrada anterior hice referencia a las vanguardias artísticas de los primeros decenios del siglo XX. Entre las mismas resalté el surrealismo; pues bien, en la entrada de hoy aparece en escena un pintor, un artista, que supo crear un mundo distinto, una realidad desacorde con la visión cotidiana de la gente, rasgo que como ya comenté otorga de un poder fascinante al creador. Este pintor es René Magritte (1898-1967).


Hoy he comprado un libro sobre la vida y la obra de R. Magritte, está en la editorial Taschen y creo sinceramente que debería tener un hueco en toda biblioteca personal. Es un estudio directo y profundo sobre la producción de este artista belga y que permite al lector configurarse una idea del universo que presentan sus cuadros.


El autor de esta monografía de Taschen, Marcel Paquet, comienza presentando la vida del pintor belga desde su infancia, época en la que ya aparecen recuerdos de Magritte dignos de mención y consideración. Por poner un ejemplo, Paquet nos ilustra con la imagen de un Magritte infante en la provincia de Hainaut: “El más antiguo de ellos [de sus recuerdos] se refiere a una caja colocada junto a su cuna, que le parecía un objeto sumamente misterioso, causa de un sentimiento de extrañeza y desazón que a menudo hará presa de él durante su vida adulta y que también sabrá producir en los demás.”


Ya es interesante detenerse aquí, por un lado la importancia del recuerdo infantil y por otra la consideración hacia el misterio, hacia lo desconocido, hacia lo irracional. De hecho Paquet afirma: “En el fondo, su único estandarte fue siempre el misterio de las cosas del mundo, misterio que pertenece a todos y a ninguno”. Ese recuerdo de infancia, de la caja al lado de la cuna, parece señalar ya esa predilección, esa mirada hacia lo oculto al ojo de la cotidianeidad. Los grandes misterios de la vida están ocultos, como oculto está el contenido de un recipiente cerrado y no translúcido.


Dos comentarios sobre lo dicho. En un primer momento ese recuerdo infantil en un artista surrealista como Magritte, llevaría automáticamente a dirigir nuestra mirada a la teoría psicoanalítica de S. Freud, sin embargo, y esto es interesante, sabiendo que Breton y otros surrealistas deseaban la connivencia de Freud a la hora de relacionar arte y psiquiatría, Magritte desdeñaba los principios de la obra del autor de La interpretación de los sueños.


Por otro lado, mencionar de nuevo esa caja, la caja que de pequeño parecía inquietar a Magritte por no saber, por desconocer su contenido. Dicho objeto, la caja, me sirve para enlazar con otro surrealista, con el gran cineasta aragonés Luis Buñuel. En su película Belle de Jour, Buñuel juega asimismo con la imagen de una caja, una caja cerrada, que no muestra su contenido en ningún momento de la película. Cuando le preguntaban al director Buñuel acerca de qué es lo que había en el interior de esa caja, respondía que contenía lo que cada cual proyectara sobre ella, deseos, miedos, etc, objetivamente no había nada en concreto, la mente de cada espectador dotaría de verdad a ese espacio interior, haciendo ver, haciendo patente los recónditos y despreciados lugares de nuestra mente.

lunes, 18 de enero de 2010

Una aporía de Zenón

Los alumnos de Bachillerato, especialmente los de segundo curso, están ya familiarizados con la polémica ontología de Parménides de Elea. Dicha ontología tenía como principal finalidad presentar como absurda la información que de la realidad nos transmitían los sentidos, así de este modo aparecía como contraria a la razón tanto la existencia de la pluralidad en el mundo, como el cambio y el movimiento en el mismo. Hoy aparece en escena un discípulo de Parménides, se trata de Zenón de Elea, nacido en los primeros años del siglo V a.C.- ya que según el historiador de la filosofía W. Capelle “alrededor del 450, cuando visitó Atenas en compañía de Parménides, debía de tener cuarenta años”-.

Este Zenón –del que podéis buscar fácilmente información sobre su vida- es estudiado normalmente a través de sus famosas aporías, éstas pretendían servir de apoyo a las tesis de su maestro; tened en cuenta que según el DRAE una aporía es un enunciado que expresa o que contiene una inviabilidad de orden racional.

Os propongo lo siguiente, voy a hacer referencia a una de estas famosas aporías, la que es conocida como “la dicotomía” tal y como la enuncia W. Capelle. La persona que se anime a participar deberá buscar, y exponer a través de un comentario a la presente entrada, la solución que según Aristóteles desarma dicha argumentación del discípulo de Parménides.

El planteamiento de la dicotomía o el estadio es la siguiente: “Es imposible recorrer un trecho determinado en un determinado tiempo. Pues hay que llegar siempre hasta la mitad del trecho antes de llegar al fin. Pero antes de que se llegue a la mitad hay que llegar a la mitad de la primera mitad; antes de que se alcance ésta, hay que llegar a la mitad del primer cuarto, y así hasta el infinito. Todo trecho se divide, pues, en una multitud infinita de trechos pequeños. Pero una multitud infinita de trechos no se puede recorrer en un tiempo determinado”.

Imaginaros que un atleta debe correr los 100 metros lisos en un estadio olímpico, y aplicadle lo dicho.

Así que ya sabéis, decid ¿cómo rebate Aristóteles a Zenón este planteamiento que presenta como absurdo el movimiento?

Por cierto, el historiador que he citado, Wilhelm Capelle, tiene una muy recomendable “Historia de la Filosofía Griega” en la editorial Gredos.

miércoles, 13 de enero de 2010

La pata de mono.

La segunda entrada de este blog estuvo dedicada a un relato del argentino Jorge Luis Borges (1899-1986), la de hoy presenta una narración incluida en una “Antología de la literatura fantástica” recopilada por el propio Borges y dos compatriotas como fueron Silvana Ocampo y Alfredo Bioy Casares. El autor de la historia seleccionada hoy es el inglés W.W. Jacobs (1863-1943) y el título de la misma “La pata de mono”.

Siempre he creído que el placer/temor que nos embarga al leer este tipo de literatura es independiente de la creencia o no creencia en asuntos sobrenaturales.

Simplemente se debe disfrutar al pasear por caminos que se apartan de lo explicable, de lo sensible y nos conducen al terreno de la fantasía, entendida ésta como arma ancestral que le ha permitido al hombre la creación artística de orbes con coordenadas de realidad, de estructura, que escapan a los límites impuestos por la razón. Es, desde luego, una de las potencialidades más sugerentes de las artes; tomar la realidad y reflejarla dando el salto a través del espejo para mostrar ese lado oscuro, no racional al que nos place/asusta asomarnos de vez en cuando.

No olvidemos la conexión que algunos han querido ver entre esas representaciones metarracionales y el inconsciente freudiano. De hecho no es casualidad que un representante del surrealismo- inscrito éste dentro de las vanguardias artísticas de los primeros decenios del siglo XX- como el pintor español Salvador Dalí o el padre de dicho movimiento André Breton pretendieran, eso sí sin éxito, el reconocimiento de sus producciones por parte de Sigmund Freud.

En futuras entradas incidiremos en esta capacidad creativa que actualiza por citar un ejemplo paradigmático el pintor holandés Jerónimo van Aken –conocido como “El Bosco” (1450?-1516)-, precisamente Dalí llegó a considerar al autor de “El jardín de las Delicias” como el primer surrealista.
LA PATA DE MONO (W.W. JACOBS).
Disfruten de la lectura.

lunes, 11 de enero de 2010

Azul de Krystof Kieslowski

Ayer domingo – primeros copos de nieve en Sevilla desde hacía más de cincuenta años- volví a ver una película realmente especial. Insertada en el grupo de filmes que se encuentran indisolublemente unidos a mis años de universidad, “Azul” de Krystof Kieslowski es la primera parte de una trilogía que este director polaco dedicó a los valores de la revolución francesa, después vendrían “Blanco” y “Rojo” – completando así los colores de la bandera gala-.

Las tres películas tienen en común diversas características que las hacen dignas de permanecer en nuestra memoria cinematográfica: guiones bien elaborados, excelentes interpretaciones y un gusto exquisito a la hora de elegir banda sonora. Además las tres historias suceden simultáneamente, de hecho en ellas se entremezclarán personajes e incluso escenas desde distintas perspectivas de cámara.

Para que podáis acceder a una información detallada de esta trilogía os recomiendo el artículo titulado “CINE Y MÚSICA: LOS TRES COLORES DE LA BANDERA DE FRANCIA” cuyo autor es Ángel Riego Cue.
http://www.filomusica.com/filo11/3colors.html

He aludido anteriormente a la música de la trilogía, como muestra tenéis aquí un enlace con youtube en él podéis disfrutar de unas imágenes de “Azul” teniendo como fondo su banda sonora.

http://www.youtube.com/watch?v=YVCPoAjq4qg

Espero sinceramente que disfrutéis de los enlaces y de las películas.

sábado, 9 de enero de 2010

Diccionario del diablo

Por una cuestión de tiempo en la asignatura de Filosofía, ya sea en su primer curso o en el segundo, rara vez ha lugar para un desarrollo mínimamente pormenorizado de las llamadas “escuelas socráticas”, fundadas éstas una vez muerto, en 399 a.C., Sócrates. Aunque dichas escuelas tendrán su sitio en estas páginas, en la entrada de hoy simplemente nos remitiremos a dos términos relacionados con el pensamiento de la época referida; ironía y cinismo.

La ironía, unida a ese Sócrates personaje de las obras platónicas, es entendida como el modo dialéctico de mostrar la ignorancia de sus interlocutores que desarrolló el maestro de Platón y que reforzaba el mensaje traído de Delfos por su amigo Querefonte. En la actualidad el DRAE introduce como primera acepción de ironía la siguiente definición “burla fina y disimulada”.

Entre las mencionadas “escuelas socráticas” encontramos la denominada “escuela cínica” con la que relacionamos el nombre de Antístenes –como precursor del cinismo- y sobre todo el de Diógenes de Sínope.

Sirvan estos dos términos – ironía y cinismo- como presentación del autor al que realmente dedicamos la presente entrada y del cual recomendaremos una interesantísima obra; el nombre del escritor es Ambrose Bierce y el de su libro “Diccionario del diablo”.

Nacido en Ohio en 1842 Bierce tuvo una vida difícil, intensa, rica y dura. Tras una infancia durante la cual fue acercándose, por distintos motivos, a la más absoluta soledad luchó en la Guerra de Secesión, fue periodista, viajó por países como Inglaterra, Bosnia, Turquía (se enamoró profundamente de Estambul) y murió en Méjico luchando junto a las tropas del mítico Pancho Villa.

En la obra citada Bierce hace gala de una fina ironía mediante la cual pone en tela de juicio los valores de la sociedad de su tiempo, es interesante subrayar que esta obra se publicó en prensa por entregas, y que gran parte de la misma apareció reunida en un volumen en 1906 bajo el título El vocabulario del cínico. Dicho título, aunque no definitivo, provoca que al leer el diccionario venga a nuestra memoria la imagen de Diógenes el cínico, ambas figuras se entremezclan en la imagen de un espíritu contestatario hacia las costumbres, usos y moral que les rodearon.

Como ejemplo de lo que podéis encontrar en la obra del norteamericano citamos algunas entradas de su repaso en orden alfabético a conceptos claves de la circunstancia que le tocó vivir durante la segunda mitad del siglo XIX y primeros años del XX:

Calamidad, s: Recordatorio evidente e inconfundible de que las cosas de esta vida no obedecen a nuestra voluntad. Hay dos clases de calamidades: las desgracias propias y la buena suerte ajena.

Cínico, s: Miserable cuya defectuosa vista le hace ver las cosas como son y no como debieran ser. Los escitas acostumbran a arrancar los ojos a los cínicos para mejorarles la visión.

Infortunio, s: Especie de fortuna que siempre llega.

Lío, s: Salario de la coherencia.

Rumor, s: Arma favorita de los asesinos de reputaciones.


Feliz lectura.