lunes, 4 de abril de 2011

Reivindicación de la política

En los actuales planes de estudio desde el departamento de filosofía se puede realizar un plan de trabajo a cuatro años vista, comenzando en el tercer curso de E.S.O. y finalizando en segundo de Bachillerato. En el primer curso citado se imparte la materia de Educación para la ciudadanía, posteriormente, el año siguiente, Educación ético-cívica, en primero de Bachillerato Filosofía y ciudadanía y en segundo Historia de la Filosofía.

No voy a entrar a considerar en este momento los distintos ataques sufridos por la materia del tercer curso de secundaria, no es mi propósito en esta entrada, ésta lo que pretende simplemente es servir para presentar mi opinión acerca de las posibilidades de estas asignaturas y a la vez para recomendaros una, desde mi punto de vista, interesante lectura.

Durante estos últimos cuatro años he intentado hacerles ver a los alumnos de Educación para la Ciudadanía que, quizás, el principal objetivo que deben perseguir es comprender el mundo en el que viven, eso sí siempre a través de una pluralidad de cauces que le permitan ir desarrollando un criterio lo más autónomo posible. El no comprender la circunstancia que nos ha tocado vivir es perderse irremisiblemente en ella, no saber a qué atenerse –como señalaba Ortega-.

La comprensión del mundo actual desde nuestra posición de panobservadores –o al menos de lo que nos muestran los medios de comunicación- nos obliga a detenernos en cada una de las capas –cual cebolla- que lo conforman. El ámbito local, autonómico, nacional, supranacional (Unión Europea) y por fin la asimilación de la “aldea global” deben armonizarse y estructurar lo que el alumno llamará “mi realidad”, “mi mundo”.

Hace unos meses se publicó en papel una entrevista que el periodista Lluís Bassets le realizó a Javier Solana con el título “Reivindicación de la política” y que podéis encontrar en la editorial Debate. Lo primero que me gustaría reseñar es que en la obra lo fundamental, no es estar de acuerdo o no con todo lo expuesto por el protagonista –eso ya será una cuestión privada-, lo importante es que a través de sus palabras seremos espectadores de una época histórica fascinante para nuestro país, para Europa y para el mundo.

Los distintos cargos detentados por Solana desde 1982 lo convierten en una de las personas que con mayor cercanía vivieron una época que cambió el universo de los españoles, de los europeos y de la mayor parte del mundo. Siendo presidente del gobierno Felipe González fue ministro de Cultura, de Educación y Ciencia y de Exteriores. En 1995 fue elegido Secretario General de la O.T.A.N. y en 1999 se convirtió en el primer Alto Represente de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común –por lo que fue llamado Mr. Pesc- y Secretario General del Consejo de Europa. Una trayectoria envidiable, que le hizo estar en primera línea política durante ventisiete años.

En la entrevista se radiografía la España de principio de los años 80, el ingreso en la O.T.A.N. y la U.E., los principales conflictos de las dos últimas décadas del siglo XX; donde encontramos el fin del mundo bipolar con la caída del muro de Berlín y el espanto de la antigua Yugoslavia entre otros hechos. Posteriormente el 11-S y todos los efectos asociados a esta fecha, repasando los interlocutores asimismo los grandes retos del nuevo milenio.


Se podrán tener diversas opiniones sobre nuestro "hoy" -heredero evidentemente de un pasado- pero, eso sí, siempre deben sustentarse en el conocimiento más completo posible del mismo, y creo que este libro os puede ayudar en parte a ello.


lunes, 21 de marzo de 2011

Friedrich Hölderlin (I).


En esta primera entrada dedicada al literato alemán Friedrich Hölderlin os presento la biografía que Jesús Munárriz incluye en su edición de la novela del primero titulada Hiperión o el eremita en Grecia que podéis encontrar, precisamente, en la editorial Hiperión.

Sé que el texto es largo para una entrada de blog, pero os pido que le dediquéis el tiempo necesario para leer con tranquilidad estas líneas sobre la vida de uno de los escritores que más ha fascinado personal e intelectualmente.

Nace Johann Christian Friedrich Hölderlin el 20 de marzo de 1770 en Lauffen am Neckar (Suavia). Es el primer hijo del administrador del Stift o seminario protestante de Lauffen. Muerto su padre dos años más tarde, su madre, hija de pastor, vuelve a casarse. Tiene sólo veintiséis años. Su segundo marido, Johann Christoph Gock, consejero municipal de Nurtingen, adonde se trasladan madre e hijo, muere cinco años más tarde, en 1779. A Hölderlin le quedarán una hermana de su mismo padre, Heinrik, y un hermanastro, Karl Gock, nacido en 1776. Su madre siguió viviendo en Nurtingen hasta su muerte, en 1828.

En 1784, Hölderlin, destinado a una carrera teológica, ingresa en un colegio preparatorio para el seminario, en Denkendorf, a algunos kilómetros de Nurtingen. Estudia hebreo, latín y griego, y descubre a sus primeros poetas: Klopstock y Schiller. Escribe allí también sus primeros poemas.
En octubre de 1786 ingresa, junto con el resto de su clase, en el seminario de Maulbronn. Allí hace amistad con Inmanuel Nast y se enamora de su prima, Louise Nast, hija del administrador del seminario. Siguen las lecturas de Klopstock y Schiller, a las que añaden Schubart, Young, Wieland y, sobre todo, Ossian.

En 1787, Hölderlin entra como becario, por cinco años, en el seminario de Tubingen. Rompe con Louise Nast y se enamora de la hija de un profesor, Elise Lebret, aunque por poco tiempo. Con sus amigos Magenau y Neuffer funda una liga de los poetas.

En 1789, cuatro meses después del estallido de la revolución francesa, el duque Carlos Eugenio, a cuya jurisdicción pertenece el seminario, advierte a los estudiantes, entre los cuales hay corrientes de republicanismo, que se atengan “al más severo orden y legalidad”. Los seminaristas leen a Kant y Rousseau y se entusiasman con la revolución del país vecino. Entre sus compañeros están Hegel y Schelling, con los que Hölderlin hace amistad a partir de 1791.

Hölderlin lee a Platón, y su mente se aparta cada vez más de la fe protestante, al tiempo que se afirma su vocación poética. Compone numerosos poemas, entre ellos himnos, bajo la influencia de Schiller, aunque con un tono ya personal. En 1793, ya cumplidos los veintitrés años, sale del seminario provisto de la licencia que le permite ejercer el ministerio evangélico. Pero en contra de la opinión de su madre, decide no ejercer su carrera, y emplearse como preceptor para subsistir económicamente.

Hölderlin, recomendado por sus amigos Staudlin y Hegel, visita a Schiller, famoso ya en toda Alemania a los treinta y cuatro años, y este le consigue una plaza de preceptor para ocuparse del hijo de Charlotte von Kalb, en Walterhausen. En 1794 acompaña a su alumno en un viaje a Weimar, y empieza a trabajar en el Hiperion. Pronto debe abandonar su puesto de preceptor, dada la imposibilidad de influir realmente sobre su alumno, que es un niño muy difícil. Hölderlin se instala en Jena, uno de los principales centros intelectuales del país, donde asiste a los cursos de Fichte. En noviembre, Schiller le publica un fragmento de Hiperión en su revista Thalia.
El año siguiente, 1795, falto de recursos, debe volver a Nurtingen, con su madre, y allí sigue trabajando en el Hiperión. Su amigo Sinclair acaba por encontrarle un trabajo en Frankfurt, en casa del banquero Gontard, nuevamente para ocuparse de los niños. La esposa, Susette Gontard, casada desde hacía diez años y madre de cuatro hijos, se convierte pronto en el gran amor de Hölderlin, amor que es correspondido. Hölderlin la llamara en su obra Diotima. Este mismo año, a pesar de su trabajo y de los viajes que debe efectuar con la familia Gontard a causa de la guerra contra los franceses, consigue finalizar su Hiperión. En 1799 aparecerá publicada la primera parte por el editor Cotta, y dos años más tarde, la segunda.

También en 1799 es visitado por Hegel, a quien ha conseguido un puesto de trabajo en Frankfurt. En agosto, último encuentro con Goethe, a quien había conocido con anterioridad en Weimar por intermedio de Schiller. Al contrario que este último, Goethe no tendrá nunca en demasiada estima la obra de Hölderlin.

En septiembre de 1798 debe abandonar la casa de los Gontard. Sussette le escribirá poco después de su partida: “Es como si mi vida hubiera perdido todo significado; sólo por el dolor sigo notando su existencia”. Sussette y Hölderlin consiguen entrevistarse varias veces en secreto en Frankfurt, hasta que finalmente el poeta se traslada a Homburg, por consejo de Sinclair, quien le introduce allí en el círculo de sus amigos republicanos. Este año y el siguiente es frecuente la actividad política de Hölderlin con sus nuevos compañeros.

Trabaja en su tragedia Empédocles. Al aparecer, en septiembre, el segundo tomo de su Hiperion, le envia un ejemplar a Sussette Gontard con la dedicatoria: ¿A quién sino a ti?

Fracasa en su tentativa de lanzar una revista intelectual y literaria. La mayoría de las cartas que dirige a los grandes nombres, Schelling, Schiller, Goethe, no obtienen respuesta. En 1880, un grupo de amigos, en especial el comerciante Landauer, le invitan a Stuttgart, donde tiene así tiempo para dedicarse con intensidad a la poesía. Nacen de esta manera algunos de sus grandes poemas. Empieza asimismo a traducir a Píndaro, que ejercerá una gran influencia sobre sus himnos. A fines del año aceptara otro puesto como preceptor en Hauptwil, suiza, adonde llega en enero de 1801. No se sabe por que razones, en abril abandona su trabajo y vuelve a Nurtingen, con su madre, y allí trabaja ininterrumpidamente en su obra poética.

En enero de 1802 comienza un nuevo trabajo también como preceptor, esta vez en Burdeos, en casa del cónsul de Hamburgo. Se desconocen por completo las circunstancias de este viaje, pero Hölderlin vuelve a abandonar su puesto en abril. Ya el año anterior habían aparecido los primeros síntomas de su enfermedad: la locura. El 4 de diciembre había escrito a un amigo: “En la actualidad temo acabar sufriendo la suerte de Tántalo, que recibió de los dioses más de lo que podía digerir”.

Tras dejar su trabajo en Burdeos visita Paris, y desde allí se dirige a casa de sus amigos en Stuttgart. En julio recibirá allí una carta de Sinclair comunicándole la muerte de Sussette Gontard el día 22 del mes anterior, en Frankfurt. Hölderlin tardará casi un mes en llegar, andando, a casa de su madre. En Nurtingen, su aspecto es casi irreconocible. Él explicará de sí mismo que fue “golpeado por Apolo”.

Tras un periodo de gran violencia, su locura se calma. En septiembre, Sinclair le lleva de viaje a Regensburg y Ulm. A la vuelta, escribe El único y Patmos, dos de sus obras maestras.
Prosigue intensamente su actividad poética en 1803. Sinclair entrega al landgrave de Homburg el manuscrito de Patmos, que Hölderlin le dedica. Acaba sus traducciones de Sófocles, de cuya edición se hace cargo Wilmans en Frankfurt, y que aparecerán al año siguiente; corrige poemas y odas antiguos, trabaja en otros nuevos, etc. Sin embargo, Schelling, que le visita en junio, queda muy afectado por su aspecto descuidado y por el “deterioro” de su espíritu.
En 1804, y gracias a las gestiones de Sinclair, el landgrave de Homburg le ofrece a Hölderlin la plaza de bibliotecario de la corte. Hölderlin entra a trabajar en la biblioteca de palacio. Frecuentes crisis mentales.
En 1805, un médico que le visita declara sobre su estado de salud: “Su locura se está convirtiendo en frenesí, y es imposible comprender su lenguaje, que parece una mezcla de alemán, griego y latín”.

Por fin, en 1806, su estado mental y también ciertos cambios políticos en la corte de Homburg, hacen que el landgrave prescinda de sus servicios. Sinclair lo interna en una clínica de Tubingen, pero su estado no mejora.

En el verano de 1807, un ebanista de la misma ciudad, llamado Zimmer, entusiasmado con la lectura del Hiperión, visita a Hölderlin en la clínica y decide llevárselo a vivir a su casa, junto al Neckar. Allí permanecerá el poeta hasta su muerte, que no llegó hasta 1843, siempre apreciado por la familia del ebanista, incluso tras la muerte de este, y en un estado de locura pacífica que no le impedirá seguir escribiendo poemas en los que, a menudo, se advierte una cierta incoherencia, pero no exentos en ningún caso de un fuerte arranque poético. También toca y compone música para piano, y da largos paseos por los parques y los alrededores de la ciudad, con aspecto infantiloide, de un “niño grande”, con frecuencia perseguido y molestado por los estudiantes.
De vez en cuando recibirá visitas de viejos amigos o de gentes que acuden por curiosidad al ir extendiéndose su fama. Él les dará tratamiento de “alteza serenísima”. “excelencia”, “majestad”, etc., y se dirigirá a ellos como Scardanelli, voluntariamente olvidado de su personalidad de Hölderlin, y siempre actuando y hablando con una mezcla de lucidez y locura que desconcertara a sus visitantes.

Permanecerá, sin embargo, siempre fiel a su Hiperión, que recitara a menudo en voz alta y
del que leerá pasajes a sus visitantes.
Como Baroja, que en su vejez preguntaba a quienes le llevaban libros para que se los dedicara: “¿Cómo quiere que le ponga: querido amigo o estimado amigo?”, así también Scardanelli, que no conseguirá coordinar una conversación bien hilada, pero que asombrará siempre a sus visitantes por algún rasgo de genialidad, preguntara a quienes solicitan de él un poema dedicado: ¿Sobre qué quiere que se lo escriba: sobre las estaciones, sobre Grecia, o prefiere un pensamiento poético?

Pronto reivindicaron su obra los románticos. En 1822 se reeditará su Hiperión; en 1826 aparecen por primera vez en un volumen sus poesías, que se reeditarán en 1843 junto con una biografía del autor.

Este mismo año, sin apenas consciencia de su fama ni del cada vez mayor reconocimiento de su obra, totalmente alejado del mundo, muere en Tubingen Friedrich Hölderlin “dulcemente, sin haber sostenido una lucha especial con la muerte”.

Tras una etapa de olvido, en la que se perdieron muchos manuscritos y papeles suyos, a finales de siglo volvió a interesar su obra a los lectores, y ya en el nuestro ha pasado a ocupar el lugar que se merece: uno de los primeros no solo en la literatura alemana, sino también en la universal. Sin la existencia de su obra, en especial de Hiperión, serian inconcebibles obras como la de Nietzsche o la Hermann Hesse, por citar solo dos nombre capitales en la historia del pensamiento y de la literatura.

domingo, 13 de marzo de 2011

Decrecimiento (Serge Latouche).

Colapso por hiperconsumo. Esta expresión –que tomo prestada- condensaría el futuro de nuestro planeta si nos atenemos al pensamiento del filósofo francés Serge Latouche, y la única vía para remediarlo pasaría por un profundo cambio de mentalidad. Es el concepto de crecimiento tal y como se entiende en el actual Occidente globalizador sobre el que centra principalmente su crítica el pensador galo.
Hay múltiples razones para abordar ese perentorio giro, por un lado el evidente problema de la sinrazón de pensar que nuestro planeta es una fuente inagotable de recursos de la que el hombre puede servirse sin medida alguna. Por otro lado según Latouche existe una perversa ecuación en la que crecimiento sin límite + consumo voraz = felicidad.
Debemos pensar que somos casi siete mil millones de personas en el globo, y que, evidentemente, hay una serie de necesidades primarias que deben ser cubiertas, aquí lo fundamental del problema radica en la desigualdad. La cuestión es que actualmente jugamos entre un polo que pasa una vergonzante –para el primer mundo que no hace nada- situación de perenne hambruna y otro polo que nada en la opulencia. Claro está que no podemos olvidar en ambos bandos los tonos grises, y que en nuestra sociedad protagonizan aquellas personas que tanto padecen alrededor de la abundancia.
Otra cuestión es el crecimiento con el fin del mayor consumo posible de objetos, de útiles (o en cierto modo esencial inútiles) que llenan la muchas veces vacías vidas huérfanas, según el filósofo, de valores dejados atrás.
El decrecimiento usado como eslogan nos presenta la necesidad de poner en tela de juicio el actual mercado global –heredero de la modernidad- y el actual sistema económico, social y político, que ha puesto poco a poco una curiosa venda en nuestros ojos; una venda que permite ver el presente y el más inmediato mañana, pero que sin embargo nos impide ver el futuro a medio y largo plazo. Es así como en aras del crecimiento continuo olvidamos cuidar nuestro hogar y fuente de vida y riqueza: la tierra.
Es obvio que esa radical y necesaria modificación defendida por Latouche presenta una cara más diáfana: el actual sistema y su modo de comprender el concepto de crecimiento es insostenible en un cercano futuro, pero también otra menos clara: ¿cómo conseguir imponerse en la práctica a los grandes interesados en que nada cambie? ¿Cómo hacer ver que el petróleo es un bien con próxima fecha de caducidad y que el futuro abre las puertas de materias más limpias?
En estos dos vídeos de Youtube os encontraréis una interesante intervención de Serge Latouche. Pensad, como siempre de modo crítico y autónomo, sobre sus palabras.

Video 1


Video 2


Además os dejo una entrevista con Latouche a través del siguiente enlace:
http://www.fuhem.es/media/ecosocial/file/Entrevistas/entrevista%20a%20Serge%20Latouche_M.DIDONATO.pdf

lunes, 7 de marzo de 2011

¡Indignaos!


El alumnado de primer curso de Bachillerato 2008-2009 quizás recuerde todavía el nombre y la imagen de Stéphane Hessel. Este excombatiente de la Resistencia frente a la ocupación hitleriana, prisionero en el campo alemán de Buchenwald y posteriormente copartícipe –único que queda con vida- de la redacción del texto que Naciones Unidas aprobó en 1948 como Declaración Universal de los Derechos Humanos, visitó España hace un par de años y fue entrevistado por diversos medios; pues bien las publicadas por ABC y El País estuvieron expuestas en las paredes del aula de dicho curso de primero de Bachillerato.

En el año 2010 Hessel publicó una obrita titulada ¡Indignaos! que es realmente el motivo de esta entrada. A sus noventa y tres años reflexiona sobre su pasado, un tiempo en el que su compromiso político nacido de la idea y el sentimiento de indignación aparece como columna vertebral de su biografía. El deseo que articula ¡Indignaos! es muy claro: hacer ver, especialmente a los más jóvenes, que hay que mantenerse alerta, que los tiempos que corren pueden echar por tierra todas las conquistas sociales que, con tanto trabajo y sufrimiento, se fueron consiguiendo tras el fin de ese horror que supuso la II guerra mundial.

Son los valores que sirvieron de base al nuevo orden de las democracias, que según Hessel emanan del espíritu de la Resistencia francesa, los que hoy corren grave peligro. Destaca especialmente el poder que actualmente posee el dinero como una de las causas generales en la que radican múltiples efectos más concretos que deben provocar que aflore en nosotros la indignación. Es realmente interesante la mención a los conceptos de libertad y responsabilidad en Jean Paul Sartre (1905-1980), el hombre –recordemos que está condenado a ser libre- no puede hacer dejación de su responsabilidad, de su responsabilidad no únicamente con sí mismo, sino con la sociedad, no puede “mirar hacia otro lado”. De hecho uno de los capitulitos posee un título tan revelador como La indiferencia: la peor de las actitudes.

Esa apuesta por el compromiso desde luego debe ser canalizada por la vía del pacifismo, desconfiemos de la violencia. Manteniendo una postura netamente optimista el autor opina que son figuras como las de Nelson Mandela o Martin Luther King los arquetipos que hay que tener en mente a la hora de plasmar en acciones nuestro compromiso social, a la par que los Derechos Humanos, de forma obligada, tienen que configurar el horizonte que nunca puede perder nuestra mirada. Esos Derechos que aunque nacidos como mero compromiso, deben proseguir su inoculación en las legislaciones de las distintas naciones.

Creo sinceramente que es un libro que debe estar en la biblioteca de todo estudiante universitario y de enseñanzas medias, supone una breve lectura que os adentrará en una larga y rica reflexión. Cuenta asimismo con un magnífico prólogo De José Luis Sampedro.
También está publicada en nuestras librerías la versión original en francés “Indignez-vous!”.

Finalizo extrayendo un breve fragmento en el que se muestra claramente el espíritu del mensaje de Hessel.

“(…) Pero en este mundo hay cosas insoportables. Para verlo, debemos observar bien, buscar. Yo le digo a los jóvenes: buscad un poco, encontraréis. La peor actitud es la indiferencia, decir “paso de todo, ya me las apaño”. Si os comportáis así, perdéis uno de los componentes esenciales que forman al hombre. Uno de los componentes indispensables: la facultad de indignación y el compromiso que la sigue.”

lunes, 28 de febrero de 2011

Montaigne



CRÍTICA: LIBROS DE REGALO - Clásicos
Espléndido Montaigne
LUIS FERNANDO MORENO CLAROS 15/12/2007


Ensayo. En 1568, el noble señor Michel Eyquem de Montaigne (1533-1592), de 35 años, sufrió una caída de caballo que casi le cuesta la vida. Su padre había fallecido hacía poco y el huérfano pasaba por un periodo de melancolía. Ya recuperado, y con una clara conciencia de la fragilidad humana y la inmediatez de la muerte, Montaigne dejó sus cargos en la magistratura de Burdeos para retirarse a sus posesiones en el Périgord y disfrutar de sí mismo y de sus seres queridos, de una existencia campestre y de su excelente biblioteca en la célebre torre circular de su castillo.
Los ensayos (según la edición de 1595 de Marie de Gournay)
Michel de Montaigne
Edición y traducción de J. Bayod Brau
Prólogo de Antoine Compagnon
Acantilado. Barcelona, 2007
1.738 páginas. 58 euros
Montaigne

El Señor de la Montaña plasmaba sus pensamientos de un modo desusado hasta entonces, al vuelo, saltando de un asunto a otro, según le dictara su ánimo o la imaginación, estimulada por los sucesos cotidianos y por las caprichosas lecturas de las obras de sus autores favoritos. Vivía en perpetuo diálogo con Platón, Epicuro, Séneca o Lucrecio, con los que se explayaba sobre el sentido de la vida y de la muerte, o acerca de sí mismo y los demás, de las pasiones, los goces y los misterios de la existencia. Lo mismo charlaba con ellos sobre la amistad que sobre el placer, los cálculos renales, la virtud o el canibalismo. Montaigne llamaba al fruto de sus meditaciones "ensayos" -inaugurando con ello este género literario-; sus opiniones e ideas quedaban a disposición de familiares y amigos, a la vez que le servían para conocerse a sí mismo, "lo más próximo". En su persona hallaba un mundo, pero también los rasgos esenciales de la condición humana.
Aquel hombrecillo orgulloso y atento, inteligente y lúcido, buen conversador y que, aparte de recluirse entre sus libros, viajó por Alemania e Italia, había recibido de su padre una exquisita educación según principios erasmistas, y aprendió a cultivar su espíritu, sin prejuicios a la hora de pensar. Tolerante y precavido, brilló como una estrella solitaria en medio de la noche de una Francia oscurecida por brutales guerras de religión. Filósofo sin academia, huyó de las abstracciones metafísicas y se limitó a comprender lo tangible y real. "Filosofar es aprender a morir", suele ser su apotegma más citado, pero significa que primero hay que aprender a vivir con naturalidad, sin temor a ese final que es irremediable; una vida plena y lo más satisfactoria posible, evitando el mal, conducirá a una muerte digna.
Es probable que Shakespeare leyera Los ensayos, que, entre otros pensadores y literatos, influyeron mucho en Descartes y Pascal, Goethe y Emerson. Flaubert depositó el libro en el regazo de George Sand diciéndole: "Léelo de principio a fin y cuando termines vuelve a leerlo, es una maravilla". Nietzsche sostuvo que en compañía de Montaigne la existencia le resultaría más soportable. Y Proust fue también uno de los más conspicuos herederos de quien, como él mismo, continuó escribiendo su obra hasta la misma hora de su muerte.
Los ensayos aparecieron en vida de Montaigne y gozaron de éxito. Captaron la atención de las mentes más abiertas de la época. Sin descreer de la fe católica ni atacarla, allí se incubaban los gérmenes de la revolución secular, hasta tal punto que, andando el tiempo, la Iglesia incluiría la obra en el índice de libros prohibidos; el hedonismo, el sentido común humanista, el cultivo de la individualidad y, en suma, la modernidad que despedían chocaban con los intereses de la curia romana.
Una culta joven parisiense, Marie de Gournay, leyó a sus 19 años la segunda edición de Los ensayos y quedó prendada de ellos y del autor, a quien conocería cinco años más tarde y con el que trabó una singular relación. Montaigne, ya casi sexagenario, adoptó a Marie como hija y se convirtió en su guía intelectual; lo cierto es que fue ella la encargada de reeditar la obra del maestro al morir éste, lanzando en 1695 una edición póstuma de Los ensayos basada en las indicaciones que dejó Montaigne. Esta edición fue considerada fiel y canónica hasta que, en el siglo XX, Fortunat Strowski estableció una nueva según un ejemplar de la obra descubierto en Burdeos, datado en 1588, con anotaciones manuscritas de Montaigne; entonces la edición de De Gournay fue relegada. Sin embargo, especialistas como Antoine Compagnon han optado por reeditarla, entendiendo que es más completa y fiel a la última voluntad de su autor. Ésta es la que ahora publica Acantilado, superando con mucho a cualquiera de las escasas ediciones castellanas de las que disponemos. En resumen, una obra espléndida, editada con esmero, bien traducida y anotada, que tanto sirve al especialista como al lector común.
Junto a la extraordinaria edición de Los ensayos, Acantilado publica en volumen independiente la expresiva y ágil monografía que Stefan Zweig dedicó a su autor, la mejor introducción a su lectura; Zweig, humanista solitario en tiempos de indigencia, nunca se cansó de proclamar la necesidad del pensamiento individual y libre frente a las imposiciones totalizadoras de ideologías y demás locuras gregarias: el íntegro Montaigne fue su modelo.
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domingo, 13 de febrero de 2011

Desislamización (artículo de Lluís Bassets)



12 febrero, 2011 - Lluís Bassets

Desislamización

Todas las revoluciones marcan un cambio de tendencias. Tardaremos en captar con precisión los componentes ideológicos que explican la actual oleada revolucionaria, entre otras razones porque todavía estamos en una fase incipiente. Pero la pregunta central y urgente, de cara al rumbo que tomen los dos primeros países que se han desembarazado de sus respectivos dictadores, es el papel que jugará el islam político.

Parece evidente que en ninguno de los dos países el islamismo organizado ha jugado un papel relevante en el origen y ni siquiera en la organización de la revuelta. En el caso egipcio, donde se halla la organización matriz y más fuerte de todo el islam sunní, los Hermanos Musulmanes, son muchos los que han deducido de su bajo perfil un paralelismo con partidos comunistas clandestinos, como el español, capaces de aglutinar e incluso monopolizar la oposición pero incapaces luego de obtener mayorías. Otras voces, más suspicaces, temen que la actual prudencia de la cofradía sea una táctica previa a un asalto perfectamente diseñado para tomar el poder y crear una república islámica. Esta teoría tiene sus adeptos israelíes, estadounidenses y saudíes, y el propio Mubarak la ha exhibido hasta el último minuto para aferrarse al poder.
La percepción más común es que esta revolución árabe, no tan sólo en Egipto, está en manos de una generación nueva, muy numerosa y diferenciada de las anteriores, sobre todo gracias a la irrupción masiva de la cultura globalizada de las redes sociales a través de teléfonos móviles. Hay abundancia de mujeres descubiertas y de jóvenes con vestimenta occidentalizada. El conflicto árabe israelí no tiene relevancia alguna en la protesta. Tampoco las mezquitas han sido un especial punto organizativo ni han irrumpido líderes religiosos. Hay que tener en cuenta que el sunismo, a diferencia del chiismo, es una religión sin clérigos; un punto de diferencia importante respecto al derrocamiento del Sha en 1979, el otro paralelismo exhibido como espantajo por quienes querían evitar el derrocamiento.

Hay unas incipientes e interesantes pistas demoscópicas, producidas por el Washington Institute for Near East Policy esta misma semana. Según una encuesta realizada en El Cairo y Alexandria a usuarios de móviles, entre el 5 y el 8 de febrero, sólo un 15 por ciento de los preguntados aprueban a los Hermanos Musulmanes, un 12 por ciento son partidarios de aplicar la sharia y un 7 por ciento justifican el levantamiento porque el régimen no es suficientemente islámico. Una mayoría del 37 por ciento frente al 27 quieren que se mantenga el Tratado de Paz con Israel y una proporción similar se pronuncia a favor de unas buenas relaciones con Washington. Sólo un 8 por ciento se han unido a la protesta porque consideran al régimen demasiado proamericano.

Venimos de dos décadas de intensa reislamización, lo que ha significado una regresión en los procesos de laicización de las sociedades y la aparición de un Islam globalizado muy impregnado de la identidad más tradicional. La actual oleada revolucionaria, en cambio, emite señales de una desislamización incipiente. Olivier Roy, uno de los mejores conocedores de la evolución del Islam político, ha explicado en este mismo periódico que estas señales se deben a la aparición de una nueva generación postislamista y a la evolución de muchos islamistas hacia la democracia, en la estela de la experiencia turca.

Una novedad de esta revuelta es la sintonía entre la ciudadanía de todos los países árabes, en una especie de panarabismo aglutinado por la abominación de las dictaduras, no por el antiimperialismo ni el antisionismo. De confirmarse la tendencia, ésta sería la señal mayor de la superación del islamismo político por una solidaridad árabe con recorrido hacia la sociedad laica y plural.

lunes, 7 de febrero de 2011

La Rochefoucauld (II)


Aquí os dejo otro grupo de máximas del escritor francés François de La Rochefoucauld para que podáis acercaros un poco más a su interpretación de la naturaleza humana:

• Nadie merece ser elogiado por su bondad si no tiene la energía necesaria para ser malo; cualquier otra bondad no es a menudo más que pereza o impotencia de la voluntad.


• No hay nadie tan inteligente que pueda saber todo el mal que hace.


• Hay malvados que serían menos peligrosos si no tuvieran ni pizca de bondad.

• Si resistimos a nuestras pasiones, ello se debe más a su debilidad que a nuestra fuerza.

• Estamos tan acostumbrados a disfrazarnos para los demás, que finalmente nos disfrazamos para nosotros mismos.

• La adulación es una falsa moneda que sólo circula gracias a nuestra vanidad.

• Lo que nos atrae en las nuevas amistades, más que el cansancio que nos producen las antiguas o el placer de cambiar, es la contrariedad de que no nos admiren lo bastante aquellos que nos conocen demasiado, y la esperanza de ser más admirados por los que no nos conocen tanto.

• Nos resulta fácil olvidar nuestras culpas cuando somos los únicos en conocerlas.

• Todos aquellos que cumplen con los deberes de la gratitud no por ello pueden jactarse de ser agradecidos.

• El orgullo no quiere deber nada y el amor propio no quiere pagar.


Os prometo seguir en próximas entradas con estas sentencias.