martes, 7 de diciembre de 2010

Frases (I)

Con la entrada de hoy comienzo una serie de entradas que incluirán una máxima, una frase, que tendrá la intención de haceros pensar sobre diversos temas y de animaros a compartir, aquí en el blog, vuestras reflexiones. La primera es del poeta latino Horacio (65 a.C.- 8 a.C.).
"Cada día es una pequeña vida".

lunes, 29 de noviembre de 2010

La cultura sin cultura (artículo escrito por César A. Molina).


Esta mañana me he encontrado en mi correo electrónico este interesantísimo artículo, escrito por César A. Molina y que me ha enviado mi querido amigo Eduardo -profesor del I.E.S. Leonardo da Vinci de Sevilla-.

Leedlo porque os puede abrir importantes vías de reflexión.


TRIBUNA: CÉSAR ANTONIO MOLINA
La cultura sin cultura
Los males que acucian hoy a la cultura universal son el consumismo, su conversión en mercancía. El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el de los medios de comunicación. Todo es espectáculo
CÉSAR ANTONIO MOLINA 25/11/2010

Cuando se acaba de leer La cultura-mundo, de Gilles Lipovetsky y Jean Serroy (Anagrama 2010, traducción de Promoteo-Moya), la desazón es terrible. Y lo es no por lo que se cuenta, ya sabido, sino por la constatación documental y fehaciente de los males que acucian hoy a la cultura. No a la cultura de uno u otro país, sino a la cultura universal invadida por la industria y el consumismo y cada vez más ajena a su función secular de explicar y entender el mundo. Una cultura sometida a los gustos del público y destinada al éxito inmediato, al consumo como una mercancía más. El lector transformado en consumidor mientras, el creador, el escritor o el artista, en simple productor de servicios.

Hoy no existe más que lo que se ve en televisión, lo que ve la masa, lo que todos comparten

El peso económico en la cultura la distorsiona, la infantiliza, la empobrece
El desencanto de la vida intelectual es cada vez mayor, se nos dice. El valor de la cultura ha sufrido en las últimas décadas una depreciación irrecuperable, los grandes maestros han desaparecido (Foucault ya lo avisó), las grandes obras están solo en el pasado y un amplio sector de la vida intelectual se ha entregado al funcionariado universitario y a la comercialización. Hoy en día, la pérdida del peso que tenían las obras literarias, artísticas o filosóficas en la esfera pública es una triste realidad.

El poder de la inteligencia ha sido sustituido por el poder de los medios de comunicación que fabrican más celebridades que los círculos de eruditos e intelectuales. Celebridades que opinan desde su incultura como si fueran sabios. Hoy se escucha más a un cantante, a un deportista, o a una estrella del star-system que a un intelectual. Así lo explican los autores, Lipovetsky y Serroy: "Desacralización del mundo de las ideas, eclipse de los guías del espíritu humano, desaparición del poder intelectual". El consumidor no ha gozado jamás de tanta libertad y tanta oferta para consumir productos efímeros, y si antes la cultura proporcionaba conocimientos imperecederos, hoy día la "incertidumbre" y la "desorientación" son los sentimientos que invaden nuestro mundo democrático en una transformación de dimensiones jamás sospechadas: familia, identidad sexual, educación, moda, tecnologías, alimentación.

La cultura humanista está hoy abandonada por jóvenes entregados al becerro de oro de las redes de comunicación. Cualquier respuesta la obtienen -o creen obtenerla- allí, en el poder cada vez mayor de la información sobre el conocimiento. O, si se prefiere, en el poder cada vez mayor de la economía sobre la cultura. Las industrias de lo imaginario, del entretenimiento, se alzan sobre los valores del espíritu, la meditación, la reflexión. Lo útil sobre lo inútil. La cultura se convierte en industria, en la forma de un complejo mediático-comercial que es el motor del crecimiento de las naciones desarrolladas.

Las exportaciones de la industria cinematográfica, audiovisual, editorial, los beneficios derivados de la enseñanza de las grandes lenguas, producen hoy tantos ingresos como cualquier otra industria. Y esos beneficios también conllevan mutaciones en la cultura. Al prestigio se le opone la rentabilidad; a la reflexión, la facilidad. El peso económico en la cultura la distorsiona, la infantiliza, la empobrece. El mundo hipermoderno, tal como lo estudian estos dos autores, está organizado alrededor de cuatro polos estructuradores que configuran la fisonomía de los nuevos tiempos: hipercapitalismo, hipertecnificación, hiperindividualismo y el hiperconsumo. Es decir, la fuerza motriz de la globalización económica, la universalización técnica, la respuesta del individuo frente a la masificación y universalización y, finalmente, el hedonismo comercial como felicidad.

En medio de esta cultura sin fronteras se alza la sociedad universal de consumidores, cada vez más anónimos, más satisfechos, más alienados. La cultura va perdiendo batallas y también la política. De ello se deriva el escepticismo y desconfianza hacia los políticos, el descenso de la militancia y la confusión de las identidades ideológicas. Internet es un peligro para el vínculo social, añaden los autores de La cultura-mundo, en la medida en que, en el ciberespacio, los individuos se comunican continuamente, pero se ven cada vez menos. En esta era digital los individuos llevan una vida abstracta e informatizada, en vez de tener experiencias juntos quedan enclaustrados por las nuevas tecnologías.

Al mismo tiempo, mientras el cuerpo deja de ser el asidero real de la vida, se forma un universo descorporeizado, desensualizado, desrealizado: el de las pantallas y los contactos informáticos. Lipovetsky y Serroy, por cierto, con dos años de anticipación, resumían perfectamente la espeluznante película de David Fincher La red social, basada en la invención de Facebook, un fenómeno social tan revolucionario como inquietante.

Fue la Escuela de Fráncfort la primera que habló, hace más de medio siglo, de industria cultural, refiriéndose a la reproducibilidad de las obras de arte destinadas a un mercado de mayor consumo. Adorno y Horkheimer ya nos previnieron de los males de la cultura masificada, aunque no se imaginaron los extremos sin retorno a los que llegaríamos. Aquella alarma se ha convertido hoy en una gran amenaza y, cada vez más, la cultura revolucionaria de creación que desprecia el mercado está siendo devorada inmisericorde por la cultura industrial, menos exigente, más accesible, menos elitista, más divertida, evasiva y conformista.

En una civilización así, ¿qué queda de los ideales humanistas sobre los que se levantó la cultura occidental? ¿Qué clase de ser humano producirá esta nueva civilización? El homo sapiens se ha transformado en pantalicus, absorbido por la televisión, por las pantallas de los ordenadores. El mundo existe por las imágenes que aparecen en la pantalla y los individuos lo conocen tal como se deja ver. La televisión cambia el mundo: el mundo político, la publicidad, el ocio, el mundo de la cultura. Hoy no existe más que lo que se ve en televisión, lo que ve la masa, lo que todos comparten. Es el triunfo de la sociedad de la imagen y sus poderes.

Frente a la oralidad, frente a la escritura, frente al pensamiento, la imagen aparece como un tótem absoluto. Y, mientras tanto, los escritores, los intelectuales, los artistas negociando sus derechos de autor a través de los agentes -exactamente como en la industria del espectáculo- y empujándose para estar en las listas de los más vendidos, que ya no son por fuerza los mejores. Un libro vendido equivale a un votante. Éxito, superventas, récords, firmas masivas: lo que no se vende ya no puede ser bueno. Las obras de arte acaban en las subastas, en el mercado más escandaloso, vulgar. Todo es ya espectáculo. Los museos-espectáculo, elevados al rango de objeto turístico de masas, semejan tan solo hipermercados apenas más refinados. Los museos, antes lugares de recogimiento, son hoy espacios para el bullicio y el aturdido turismo cultural. Las obras de los museos no se contemplan, se consumen. Hay un dato interesante aportado en La cultura-mundo: según una encuesta, un visitante medio pasa entre 15 y 40 segundos mirando El rapto de las sabinas de David; entre cinco y nueve segundos, La gran odalisca de Ingres. ¿Cuántos ante Las meninas o El Guernica? Y ante esa visión relámpago ¿qué conocimiento obtendrán? Sin embargo, los museos hoy solo son relevantes por el merchandising adquirido en sus tiendas.

¿Cómo salvarnos? Estoy absolutamente de acuerdo con la solución que dan los dos filósofos: solo la educación está a la altura del problema. Pero escuela y universidad no funcionan. ¿Es aún una tarea posible? La cultura, como valor espiritual, según aprendimos de Valéry, está en vías de extinción, destronada por la industria, el consumo y la mal llamada cultura mediática. Hoy, la lectura, y lo sé por mi propia experiencia docente, no está entre las preferencias de los estudiantes, si bien en el ordenador no paran caóticamente de leer y escribir. El mismo desinterés cunde en otras actividades culturales antaño masivas: teatro, cine, conciertos de música clásica y recitales. Como Lipovetsky y Serroy comentan, el capitalismo y el placer consumista han derribado a la cultura literaria y artística del pedestal en que estaba: en ese espectro ambiental "lo insignificante tiene ya valor cultural" y las jerarquías que no hace mucho distinguían la cultura noble de la cultura de masas han desaparecido. Este es el mar de las tinieblas en que navegamos. Siempre habrá náufragos que mantengan la memoria del origen, siempre alguien se librará y cuando eso suceda, la verdadera cultura permanecerá como tabla de salvación. El libro de Lipovetsky y Serroy es una llamada de atención desesperada, una muestra nada exagerada de que nuestra civilización sufre una crisis de valores de grandes proporciones.

César Antonio Molina es escritor y fue ministro de Cultura.

martes, 16 de noviembre de 2010

Charla-coloquio



El próximo lunes día 22 de noviembre tendrá lugar una charla-coloquio sobre la resolución 1325 de la O.N.U. de la que se cumplió el decimo aniversario el pasado mes de octubre.
En dicho texto Naciones Unidas llama la atención sobre el papel de la mujer en las situaciones de conflicto y postconflicto armado que desgraciadamente se dan en nuestro planeta, asimismo subraya la necesidad de optimizar las posibilidades de que la mujer adquiera un papel más importante en momentos en los que el mantenimiento de la paz se torna especialmente difícil.
Uno de los organizadores del acto me ha transmitido su interés por la asistencia tanto de antiguos alumnos como de Bachillerato de Escuelas Francesas. Por cuestiones de aforo me pide que a finales de semana le detalle el número de asistentes, así que las personas que deseéis una invitación escribidme, por favor, un correo electrónico a federicoteromartinez@gmail.com
La charla-coloquio tendrá lugar el día citado en la sala Juan de Mairena del Centro Cultural Cajasol (c/Laraña nº4) a las 20 horas y estará a cargo de dos mujeres colombianas defensoras de los Derechos Humanos: Claudia Mejía (Sisma Mujer) y Gloria Amparo Suárez (Organización Femenina Popular).
Os dejo un interesantísimo enlace: la página de Naciones Unidas en la que están recogidas todas las resoluciones de la Organización desde su fundación, por cierto ¿está todavía en vuestra memoria la distinción kantiana entre ser y deber ser?
Saludos.

viernes, 22 de octubre de 2010

Arte on line


Quiero compartir con vosotros dos impresionantes enlaces que me han hecho llegar recientemente. Por favor disfrutadlos de verdad, relajadamente y rodeados de silencio, simplemente escuchando los respectivos acompañamientos musicales que complementan maravillosamente el festival visual.

En la Capilla sixtina hay que manejar el mouse para trasladarse por ella. Inmejorable el zoom.

miércoles, 13 de octubre de 2010

Los Griegos


Bien conocida es la afirmación del poeta inglés de comienzos del siglo xix Percy Bysshe Shelley que decía “Todos somos griegos”. Precisamente podría arrancar de dicha sentencia para recomendaros el libro del helenista británico Paul Cartledge titulado Los Griegos. En dicha obra se nos presenta un interesante repaso –sobre todo para iniciarse en el tema- por una serie de quince biografías de dispares personajes que sirven –como el propio autor reconoce en el prólogo- para reivindicar tanto las semejanzas como las disonancias internas en las primeras que nos relacionan con el mundo heleno.

Nos encontramos además, en cada capítulo con una magnífica contextualización histórica, social, política y económica que influye de modo determinante a la hora de conseguir el fin deseado.

En “una secuencia más bien cronológica” partimos desde Homero y finalizamos con el conquistador Alejandro Magno pasando por otras figuras, unas más conocidas otras menos, que nos ayudan a adentrarnos en el atractivo espíritu que en muchos aspectos – no en todos evidentemente- configura el alma de millones de futuros hombres hasta hoy en día.

Tras el autor (dejemos al margen las polémicas en torno a la verdadera paternidad homérica) de la Ilíada y de la Odisea, Cartledge nos introduce en las vidas de la poetisa Safo de Lesbos, del reformista Clístenes, de la valiente Artemisa de Halicarnaso, del gran protagonista de la pentecontecia ateniense Pericles, de la pareja de hecho de éste e importante intelectual Aspasia, del tábano ateniense Sócrates, de la “olímpica” Cinisca de Esparta, del tebano Epaminondas figura importante en la expulsión de los espartanos de Beocia, de Diotima de Mantinea –quizás únicamente personaje de ficción como aparece en El Banquete platónico-, del esclavo y posteriormente liberto y triunfador en la banca Pasión de Siria y Atenas, la de Neaera de Corinto –aunque tratada realmente como fondo tras la imagen de Apolodoro hijo de Pasión-, la de Aristóteles el filósofo estagirita, y para finalizar dos capítulos dedicados a la intrigante Olimpia de Epiro y Macedonia y a su hijo el gran Alejandro.

Se trata de una lectura amena y que sirve como he mencionado para recrear esos, aproximadamente, cuatrocientos años repletos de vicisitudes que a buen seguro os interesarán.

jueves, 7 de octubre de 2010

Curiosidades (I)



Como ya saben los que me conocen, para mi supone un verdadero placer, yendo más allá de la información pertinente que corresponde al temario oficial, el contar o leer en clase anécdotas y curiosidades que pueden hacer más cercano como persona al autor que tratemos en ese momento. Eso hace que, indefectiblemente,haya ocasiones en las que me demoro en exceso,y mire de reojos al calendario para poder terminar a tiempo los temas previstos.

Este curso me planteo cambiar,en la medida de lo posible,ese modus operandi e intentar obviar dichas curiosidades. No por ello el alumnado quedará huérfano de las mismas, ya que lo me propongo es presentarlas en el blog.
Hoy para empezar, haciendo justicia al fragmento de Aristóteles del libro A de la Metafísica en el que reconoce a Tales de Mileto como el “iniciador de tal tipo de filosofía” –es decir del pensamiento en torno al problema del arché, formando parte por lo tanto del grupo de physikoi-,tenéis dos fragmentos (uno de Platón y otro del Estagirita) en el que se nos trasmite la imagen del matemático, astrónomo y político milesio, como un hombre, por un lado, absorto en sus intereses científicos y por otro desdeñoso hacia lo puramente crematístico. Asimismo incluyo un texto sobre Heráclito incluido en el estudio que del pensador de Éfeso hace Diógenes Laercio (siglo III d.C.) en su obra Vida de los filósofos más ilustres.

“Como, oh Teodoro, se dice que una aguda y graciosa esclava tracia se burló de Tales, porque, mientras observaba las estrellas y miraba hacia arriba se cayó en un pozo; ávido por observar las cosas del cielo, le pasaban desapercibidas las que estaban detrás de él y delante de sus pies”
(Platón, Teeteto)

“Pues dice que, cuando, por su pobreza, le reprochaban que la filosofía era inútil, tras haber observado por el estudio de los astros que iba a haber una gran producción de olivas, se procuró un pequeño capital, cuando aún era invierno, y que depositó fianzas por todas las presas de aceite de Mileto y Quíos, alquilándolas a bajo precio porque nadie licitó contra él. Cuando llegó el momento oportuno, al ser mucho los que a la vez y de repente las pedían, las iba alquilando al precio que quería y reunió mucho dinero, demostrando así que es fácil a los filósofos enriquecerse, si quieren, pero que no son las riquezas lo que les interesan.”
(Aristóteles, Política)

Viene a colación con respecto al primer texto recordar el siguiente epigrama de Diógenes Laercio dedicado al matemático,en el que relaciona el gusto de Tales por la observación del cielo con la muerte del filósofo que le sobrevino mientras asistía a un espectáculo deportivo:

Las gimnásticas luchas observando
atento en el estadio el sabio Tales,
arrebátole Júpiter Eleo.
bien hizo en acercarle a las estrellas
cuando por la vejez ya no podía
las estrellas mirar desde la tierra.
(Diógenes Laercio, Vida de los filósofos más ilustres)



“Heráclito, hijo de Blosón (o, según algunos, de Heraclón) de Éfeso. Tuvo su acmé en la Olimpíada 69. Llegó a hacerse sumamente altanero y desdeñoso (…) acabó por convertirse en un misántropo; se retiró del mundo y vivió en los montes, alimentándose de hierbas y plantas. Convertido por esta causa en un hidrópico, bajó a la ciudad y en enigmas le preguntaba a los médicos si ellos serían capaces de convertir en seco el tiempo lluvioso. Como éstos no le entendían, se enterró en un estercolero, en la esperanza de que, con el calor del estiércol, se iba a evaporar la hidropesía. Como ni aun así lo consiguió, murió a la edad de sesenta años.”
(Diógenes Laercio, Vidas de los filósofos más ilustres IX, 1.)
Acmé: madurez intelectual, situándose ésta a los 40 años.

domingo, 3 de octubre de 2010

Mr. Nobody

Cuando en un momento cualquiera pensamos en nosotros, en quiénes somos, automáticamente acuden a nuestra mente los recuerdos, las imágenes de nuestro pasado que han ido configurando lo que podemos llamar nuestra vida.

Sabemos que, aunque siempre estamos influidos por condicionantes diversos, en buena medida nuestra potestad de elegir va, al ejecutarse, haciéndonos transitar por uno solo de entre todos los posibles caminos que se abren entre nosotros, construyendo así el itinerario que reconoceremos como nuestra biografía.

La identidad personal –que es imposible sin la memoria- guarda todas las vicisitudes, eventualidades y decisiones que han jalonado nuestro pasado y que nos han dirigido por la vía –única, como resultado- de nuestra vida.

¿Qué ocurriría si esto no fuera así? En el caso de Mr. Nobody nos encontramos con un anciano –del cual se nos dice es el último humano que va a morir en una sociedad que ha encontrado la fórmula de la inmortalidad- que al recordar su pasado, éste se antoja absolutamente confuso ya que incluye las posibles, y por tanto diversas, vidas relacionadas con las diferentes circunstancias y decisiones que lo han rodeado desde su infancia. Como el propio personaje reconoce “mientras no se elige todo es posible”.

Esta es la experiencia que transmite el anciano, la de poseer como vivencias todas las posibilidades que se presentaron ante él a través del tiempo –incluso la de ser otro, como culmen del proceso de alteridad-, recuerda como propias todas las vidas que el azar pudo determinarle o que él pudo desear. Así de este modo, debido a esta sobresaturación vital el personaje pierde su identidad, se convierte en Nobody –nadie- ya que su obra –su vida- de la que todo hombre es cooartesano (no olvidemos todo aquello que no depende de nosotros) aparece como amorfa, un caos de imágenes, de recuerdos que no forman una biografía al uso, es decir limitada espacio-temporalmente, es decir inteligible por nuestra razón.

Este personaje al que me he referido es Mr. Nobody, protagonista de la película belga “Las vidas posibles de Mr. Nobody” del director Jaco Van Dormael y que os recomiendo encarecidamente. No adelanto más, ya que espero que os animéis y suméis comentarios sobre la cinta. Por cierto, encontraréis guiños a otras películas conocidas, y referencia a una conocida teoría astronómica.

Os dejo una selección de escenas de la película, que por cierto posee una banda sonora sobresaliente.